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Cristina, 65 años Dependía para vivir de la caridad de sus vecinos. Estaba en completo abandono y tenia más de 40 años postrada. Sufre de epilepsia y descompensación metabólica. Cuando llego al Hogar convulsionaba y pesaba 150 kg., ahora pesa 90 kg. y tiene 3 años sin convulsionar. Gracias al amor y los cuidados que recibe, su calidad de vida ha mejorado mucho. |
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Esmeralda, 2 años Al nacer presentó asfixia, hidrocefalia y deformidad craneal. Llego al Hogar con desnutrición severa, pero ahora y a pesar de su ceguera y audición disminuida, sonríe y balbucea, gracias a la rehabilitación y atención que recibe. |
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A sus tres años, Román no hace más que sonreir y hacer quiebros con su voz; no se mueve, no habla, ni razona y jamás tendrá una vida como la de todos nosotros.
Él pudo haber sido un niño más, travieso y juguetón; pero su historia comienza cuando fue abandonado en un tiradero de basura siendo tan solo un recién nacido, dañando su cerebro y quebrando su columna. Hoy en día, Román vive junto a veintiocho niños enfermos más en el Hogar de la Misericordia, entre ellos sordomudos, ciegos, con mielomeningocele, compresión muscular, paraplejia completa, deficiencia cerebral, etc... Pero eso sí, Román es una gran parte de nuestro Hogar de la Miserircordia, donde se sustenta a cientos de pacientes de enfermedad terminal de cualquier edad en los tres hogares ubicados en el áre metropolitana de Monterrey. Román, como cualquiera de los otro enfermos de los Hogares, necesita de cuidados intensivos por parte de las setenta enfermeras y religiosas que cuidan de ellos con amor y esmero para brindarles una vida digna hasta que acaben para luego darles una cristiana sepultura. Es bueno conmoverse con la historia de Román, pero es aún mejor cuando hay manos y bolsillos generosos, cristianos para hacer de esta situación algo mejor.. Basado en la obra de Jorge Villegas |